La Tierra herida

La Tierra heridaHace unos meses escuché en la televisión a un empresario levantino, completamente seguro de sí mismo, convencido de la validez de sus argumentos, afirmar:"Sólo queremos seguir haciendo lo que hemos hecho hasta ahora, nada diferente; pero se nos ha terminado el agua y necesitamos que la traigan de otro sitio. ¿Quién puede oponerse a eso?".
Me sorprendió que aquel señor, sin duda inteligente, no se planteara siquiera que tal vez lo que "habían hecho hasta ahora" era insostenible, que no se podía mantener, puesto que había llevado al agotamiento de un recurso tan vital como el agua. Es como si yo gastara más de lo que gano, me sorprendiera al quedarme sin blanca y reclamara un aumento de sueldo para seguir manteniendo el tren de vida "de siempre".
Un hidrólogo muy famoso, Peter Gleik, ha escrito que hay que buscar una "nueva vía" (lo que en España se ha llamado "nueva cultura") para el agua. La medida del progreso no debería ser la cantidad de agua que se usa, sino el bienestar individual y colectivo que se obtiene por cada litro utilizado. Dicho de otro modo, no habría que obcecarse preguntándose a cada momento "¿de dónde saco más agua?", sino "¿de qué forma puedo reducir su consumo?"

Podría haber elegido cualquier otro fragmento del libro, pero la gestión sostenible del agua es una de mis debilidades.

Miguel  Delibes, escritor vallisoletano conocido por todos y su hijo Miguel Delibes de Castro, biólogo e investigador del CSIC, colaboran en La Tierra herida para darnos una amena visión de las realidades ambientales más importantes en nuestro país y en el planeta.
La narración es un diálogo entre padre e hijo, preguntas y respuestas, que con un lenguaje sencillo acercan al lector a problemas ambientales como la disminución de la capa de ozono, el cambio climático, la escasez de agua dulce y la desertificación o la pérdida de biodiversidad.

En estos días de ferias del libro por nuestra geografía es un título muy recomendable. 

Los refugiados del conservacionismo

 

Un día hablaba del cambio climático con un colega que me decía que es un error considerar que los propios seres humanos podamos ser los "salvadores del planeta" por el mero hecho de que somos una especie más formando parte de la de la Biosfera. Somos una especie con una gran capacidad predadora sobre los recursos y ésta no cesará nunca por que es inherente a los seres humanos.
En el fondo tiene toda la razón.

No es ningún secreto que millones de pueblos indígenas de todo el mundo han sido expulsados de sus tierras para dar lugar a las grandes extracciones de petróleo y minerales, las grandes explotaciones madereras y las grandes extensiones agroindustriales. Pero pocos se dan cuenta que algo similar ha estado ocurriendo por una causa mucho más noble: la conservación de tierras y de la vida silvestre. No son sólo las empresas las que tienen mala fama entre las comunidades indígenas, sino también, y cada vez más, algunas organizaciones no gubernamentales internacionales.*

Las organizaciones ecologistas como todas las entidades tienen su cara y su cruz. Esencialmente pienso que se equivocan cuando promueven un modelo de naturaleza virgen en la que el hombre no existe.
El equilibrio probablemente sea difícilmente alcanzable. La medida estaría en el mayor respeto posible al medio ambiente desde una gestión adecuada, contenida y sostenible.

Estos modelos, aunque de otra manera, los practicamos en los países ricos, sólo que aquí cuando una población rural se queda sin la posibilidad de explotar recursos para su desarrollo, los jóvenes se marchan a las ciudades.
En otros lugares del mundo no hay un lugar mejor al que marchar porque alejados de sus bosques, sus gentes no tienen nada. ¿Es correcto entonces anteponer los derechos de la naturaleza a los derechos humanos?

Inauguro la sección de lecturas recomendadas en la que iré añadiendo material que por su extensión no pueda incluir y comentar de forma completa en un post:

"Los refugiados del conservacionismo" de Mark Dowie (Universidad de California, Berkeley).*
Versión en pdf de la revista Biodiversidad, octubre 2006.
Imagen: del reportaje publicado por primera vez en Orion Magazine, noviembre 2005.