Captadores de nieblas
Cuenta una leyenda canaria que existía un árbol en la isla del Hierro de cuyas hojas goteaba tal cantidad de agua que suministraba a los lugareños toda la que necesitaban.
Los naturales de la isla, llamados bimbaches, lo consideraban su árbol sagrado. Éste árbol era el garoé.
Durante la conquista europea de canarias (S.XV), los soldados buscaron la rendición de los bimbaches mediante el control de las escasas fuentes de agua de la isla.
Pensaron que al controlar este preciado recurso, los bimbaches, muertos de sed se someterían.
Pero los bimbaches tenían oculto su árbol sagrado. Al pie del árbol había unas albercas donde recogían el agua del Garoé, que mantenían vigiladas y ocultas a los soldados mediante vegetación y ramas.
Pasaba el tiempo y los conquistadores no se explicaban cómo podrían estar subsistiendo los bimbaches sin agua. No se imaginaban su secreto. Pero un día, una isleña enamorada de uno de los soldados, delató la existencia del árbol bajo la promesa de guardar el secreto. El soldado vió su oportunidad de convertirse en el héroe de la conquista y traicionó a la muchacha que fue condenada a muerte por su propio pueblo por desvelar el secreto.
Está documentada la existencia de este gran garoé, que fué descuajado por un huracán en 1610.
El garoé (Ocotea foetens) es una especie endémica de Canarias y la isla de Madeira, y propia de la laurisilva canaria (o bosque de lauráceas), que se da entre los 500 y los 1.200 metros de altitud sobre el mar (media montaña). Los bosques de lauráceas son umbríos, densos y muy húmedos.
En invierno las islas reciben frecuentes lluvias procedentes de los vientos del noroeste, pero en verano las precipitaciones recogidas disminuyen notablemente. La laurisilva resiste a la estación seca debido a las nieblas o "mar de nubes" que se forman como resultado de los vientos alisios cargados de humedad (del noreste) al ascender por las laderas de las montañas.
Las precipitaciones horizontales u ocultas, son las nieblas, el rocío, las heladas y la humedad atmosférica. La cantidad de agua que aportan no la miden los pluviómetros convencionales.
Las nieblas en algunos lugares son capaces de depositar grandes cantidades de agua al circular por superficies boscosas. Este es el caso de la laurisilva canaria, de los bosques de nieblas del Amazonas o de los bosques de sequoyas de EEUU.
Existen algunas regiones desérticas o con escasas lluvias en las que también se dan este tipo de nieblas, lo que ha llevado a buscar su aprovechamiento para abastecimiento humano a pequeñas poblaciones o para agricultura.
La experiencia pionera la llevaron a cabo hace 40 años dos sacerdotes docentes del departamento de Física de la Universidad del Norte (Chile), Germán Saá y Carlos Espinosa en el desierto de Atacama, en una región en la que llovía cada 10-11 años. Observaron el fenómeno de las nieblas en montañas sobre las que incidían los vientos alisios (en el hemisferio sur desde el suroeste). En esta región se observaban nieblas unos 200-220 días al año, de manera que se propusieron captar esta humedad de alguna forma y ensayaron distintos dispositivos. Hicieron alguna pequeña repoblación con la que corroboraron que los arbolitos con su función "atrapanieblas" podían autoabastecer sus necesidades hídricas.
Ya en los 80 se consiguió instalar una malla de plástico de 2.400m2 con la que se abastecía a la población de Chungungo de 400 habitantes con una dotación de 40 litros por habitante y día.
El fundamento es bien sencillo; la malla se coloca verticalmente y en la dirección del viento, y retiene la humedad en su superficie, que tras escurrir se recoge en un depósito.
Se han sucedido numerosos proyectos tras este, que son capaces de proporcionar agua para beber y para cultivar pequeñas huertas a asentamientos humanos carentes de recursos.
Frente al avance de los desiertos en zonas propensas a nieblas acompañadas de viento, se podrían llevar a cabo amplias repoblaciones, instalando grandes captores de mallas con un depósito que acumule el agua de riego hasta que la repoblación alcance la talla suficiente como para autoabastecerse. Si lo que se quiere es plantar un número pequeño de árboles se puede colocar una malla individual a cada arbolito que le proporcione el agua necesaria hasta que el árbol subsista por sí mismo.
La recuperación de estas zonas podría suponer la transformación del suelo y la restauración de su cuenca hidrológica de cauces permanentes. Para los asentamientos humanos significaría una mejora de sus condiciones socio-económicas al disponer incluso de agua para llevar a cabo una pequeña agricultura.
Fotos: Árbol Garoé II de trebol-a, CC / Pequeños atrapanieblas en Namibia de Jean-Claude Coutasse
Referencias: Andrés Acosta Baladón, "Captación de nieblas: fundamento, experiencias y aplicaciones en el ámbito forestal", 2003.


February 21st, 2007 at 11:33 am
Que bonita la leyenda, gracias por ella Esther…
A mi de tú impresionante post me ha salido como resultado una respuesta y una pregunta…
la respuesta es de nuevo en torno a mi admiración por la naturaleza y su preciso funcionamiento. Es impresionante.
la pregunta - de nuevo bajo el punto de vista pesimista hacia la humanidad - ¿qué evolución habrÃa tenido el planeta sin nuestra existencia?, de nuevo la respuesta, pero esta ya imaginando. El planeta serÃa tan perfecto sin nosotros!!! …
1 saludo que gran post!
February 22nd, 2007 at 10:31 pm
En un viaje que hice a la isla de la Gomera, en el parque de Garajonay pude observar en persona este curioso fenómeno de la lluvia horizontal. En los troncos y ramas de los árboles se forma una espesa capa de lÃquenes que absorben la humedad del aire como si fueran una esponja y cuando se saturan el agua gotea al suelo.
February 23rd, 2007 at 6:53 pm
Enhorabuena, Esther, fantástica entrada. La historia del árbol es un buen ejemplo de cómo pueden aprovecharse ciertos recursos de manera mucho menos traumática para el entorno; quizá no todo tiene que ser construir grandes embalses y canalizaciones que lleven el agua a grandes distancias.
Reflexionaba un poco sobre esto hace unos dÃas mientras observaba, desde el avión que me llevaba a Phoenix (Arizona) para un congreso, las grandes superficies irrigadas junto a algunos rÃos y ciudades en pleno desierto. La misma ciudad de Phoenix es el centro de una zona en la que viven 4 millones de personas, con la consiguiente demanda de agua. Me llamó la atención la cantidad de césped que se veÃa en algunos sitios (y obviamente, en un lugar en el que se pasan por encima de 40 grados seis o siete meses al año, hay un uso generalizado de aire acondicionado). En general, le da a uno la sensación de que algunos lugares no deberÃan poblarse a gran escala, y que precisamente en esos lugares deberÃa estar liderándose la lucha por encontrar formas de minimizar el impacto sobre el entorno.
¿SabÃais que el Colorado, que es el mayor rÃo del Suroeste de los EEUU, con una cuenca de más de 600.000 km2 (más grande que toda la PenÃnsula Ibérica) ya casi nunca consigue desembocar en el golfo de Baja California por el uso masivo de sus aguas?
Y otra pregunta que se me ocurre: ¿cómo afectará el cambio climático a los patrones de circulación de humedad y de producción de nieblas? Paradójico: este cambio es tan nefasto que probablemente acabará impidiendo determinadas soluciones en muchas partes del mundo. Esperemos que me equivoque.
Un saludo a todos,
Israel.
February 24th, 2007 at 9:38 pm
Hola Esther, nuevamente haciendote una visita por aqui. Me han interesado mucho tus ultimos posts, si que hay mucho por hacer por la tierra y la amazonia. >Este post es muy interesante, me hace recordar de lugares cuando miraba como iba gota a gota recolectandose la humedad por tubos debido a la neblina. Pasare seguido por aqui con un clik. Saludos
Ana
February 26th, 2007 at 1:05 am
En realidad todos los seres vivos modifican su entorno Wilde. El “problema” que tiene la Tierra con la humanidad es que somos muy numerosos y que tenemos una mayor capacidad para modificar el medio.
Corpi: has dado en el clavo, de hecho también he leÃdo en alguna parte que se les llamaba “bosques esponja”.
Israel: Desde luego lo que falla es un uso racional de los recursos.
No sabÃa lo del Colorado en cifras, no me sorprende pero no por ello es menos espeluznante. Me recuerda a los que defienden el trasvase del Ebro a toda costa, cuando argumentan que “todo ese agua se vierte al mar sin aprovechamiento alguno”, como si la única función de los rÃos fuera el abastecimiento de las ciudades y de los campos agrÃcolas.
No sé responder a tu pregunta de cómo puede afectar el cambio climático a la producción de nieblas, al menos no de forma concreta. Se predice que las precipitaciones serán más escasas en algunas zonas y se volverán torrenciales en otras. Las nieblas son un hidrometeoro más, es posible que se vea alterada su frecuencia y distribución. Aclaro que esto no deja de ser una suposición.
Ana , me alegra que te haya gustado.
Saludos
February 26th, 2007 at 7:11 am
La comparación del Colorado y el Ebro no podrÃa ser más acertada: de hecho, el Colorado también sostiene una zona deltaica de altÃsimo valor ecológico y con especies endémicas (imaginaos, un delta en pleno desierto), ahora muy amenazada y en situación de retroceso crÃtico por la escasez de agua. SerÃa ese, sin duda, el destino del delta del Ebro si deja de llegar el caudal suficiente (no hay que ser muy inteligente para comprenderlo…).
Y también en ambos casos, el medioambiente se resiente de factores enteramente polÃticos. En el caso del Ebro, los intereses de partidos y/o comunidades autónomas por el control de recursos (un pulso destinado a pura demagogia de captación de votos, y no a defender los intereses de los ciudadanos de ninguna región, ni de las “húmedas”, ni de las “secas”). En el caso del Colorado, la total impunidad con que el gobierno de los EE.UU. lleva actuando desde hace décadas, construyendo embalses para el aprovechamiento energético y de riego de los estados del Suroeste, y pasando olÃmpicamente de los intereses del otro paÃs que comparte el Colorado con ellos (o sea, México), y que carece del peso polÃtico necesario como para poder imponerle nada al vecino de arriba.
Os aconsejo que le echéis una ojeadita al delta del Colorado con Google Earth: se distingue claramente el contraste entre la vegetación deltaica y el desierto que lo rodea (y que, poco a poco, ante la escasez de agua, se lo va comiendo). Según información de Wikipedia (ya juzgaréis vosotros que fiabilidad le corresponde), la extensión del delta hoy es sólo un 5% de la original.
Preocupante.
February 26th, 2007 at 3:43 pm
Discrepo un poquillo amiga Esther. Si bien es cierto que todos los seres vivos modifican su entorno, el ser humano es el único que lo hace destruyendo y contaminando. Un castor, por ejemplo, hace presas con ramas y modifica un poco. Un pájaro hace nidos. Es que ellos hacen arte, nosotros … ¿no crees? … bueno, ya sabes el concepto que tengo del ser humano con su relación con la naturaleza..
1 saludillo!
March 8th, 2007 at 8:30 pm
Una gran idea para conseguir agua en zonas deserticas. Tiene muchas ventajas: sencilla, al alcance de cualquiera, respeta el medio y aprovecha los recursos naturales sin introducir máquinaria.
Se podrÃan repoblar con árboles las zonas áridas y esto serÃa el principio de una colonización agrÃcola que darÃa paso a una colonización humana.
Además es una idea oportuna ahora que avanzan los desiertos y tambien es una buena idea como sistema de supervivencia.
March 28th, 2007 at 1:33 pm
Hola Esther.
Que bonita historia… pero sin duda tu simpre sabes como contarla.
Mi más sincera enhorabuena.
Un beso
March 28th, 2007 at 9:52 pm
Gracias Belén por la visita y bienvenida a los comentarios en este blog. Considérate en tu casa
un abrazo
October 18th, 2007 at 7:40 am