El bombardeo que sufrimos últimamente de publicidad verde o ecológica es brutal.
Coches "ecológicos", biocombustibles, bolsas hechas de materiales orgánicos, más energías renovables, envases aun más reciclables, alimentos ecológicos que proceden del quinto pino, bombillas de bajo consumo… La carrera por ser el más "ecológico" ha comenzado. Esto es buena señal porque el ingenio se agudiza cuando hay que satisfacer la demanda de un público dispuesto a pagar dinero por apaciguar su conciencia ambiental.
No es que me haya vuelto loca. Me fascinan todas la iniciativas que pretendan aminorar nuestro impacto sobre el medio ambiente. La cuestión es que no es oro todo lo que reluce… en este caso verde. Hablo de sostenibilidad.
A grandes rasgos, para que cualquier actividad sea sostenible se deben cumplir 3 puntos fundamentales:
- que sea medioambientalmente limpia
- que sea socialmente justa
- que sea económicamente rentable
De esta manera si bien podemos decir que ser sostenibles es una forma de no contribuir al cambio climático, el no contribuir al cambio climático no siempre va a ser sostenible. Aclaro esto último: no va a ser sostenible tal y como se nos está planteando actualmente.
Observo que la no contribución al cambio climático se centra en reducir los gases efecto invernadero emitidos la atmósfera tanto de forma directa (emitiendo menos) como indirectamente (buscando estrategias para retener parte de esas emisiones) pero algunas de estas estrategias están dejando de lado la razón.
Por ejemplo: Algunos de esos nuevos coches ecológicos funcionan con bioetanol. Su resultado es emisiones cero pero ¿de dónde se obtiene ese biocombustible? Si todos utilizásemos este tipo de vehículos la sostenibilidad quedaría muy lejos: utilizar plantaciones para dar de comer a los coches no es ni social ni ambientalmente sostenible.
En este maremagnum de estrategias y acciones para ser más sostenibles uno puede llegar a perderse pero hay una regla que no falla y para la que no es necesario consultar ninguna guía: consumir sólo lo que necesitemos. Y en segundo lugar, con un poquito de interés y de ganas se puede buscar siempre un consumo más responsable, justo y ecológico. Debemos preguntarnos sobre su procedencia: ¿cuántos km ha recorrido hasta llegar a mi hogar?, ¿perjudica al medio ambiente su uso y por extensión que yo lo compre?, ¿en qué condiciones socio-laborales se ha obtenido? y a la hora de comprar un nuevo producto no crearnos una falsa necesidad preguntándonos qué nos aporta.
Os dejo este vídeo de Consume hasta morir extraído de su documental sobre las Grandes Superficies, muy recomendable para la reflexión. Una iniciativa de ecologistas en acción sobre el consumo y los mensajes publicitarios.
Algunos recursos sobre consumo responsable:
Guía para un consumo más responsable (vista en desde el Sekano)
Manual de educación para un consumo sostenible
consumoresponsable.org
cosumaresponsabilidad.org


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